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Caos en el boliche Zaigua: El estremecedor relato de la madre de una adolescente

Soledad es la mamá de Flor, una adolescente de 13 años que el domingo a la noche estuvo en el boliche Zaigua, donde se produjo una situación que pudo haber terminado en tragedia. Un local donde entró más gente de la permitida, el inexplicable lanzamiento de gas pimienta dentro del boliche, la ausencia de salidas de emergencia, la venta de alcohol a menores, un operativo policial que no contuvo ni protegió a los adolescentes, sin ambulancias cercanas para atender.

En diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5), contó en primera persona lo que vio al llegar con su hija, temprano, y lo que vivió poco más de una hora después cuando salió de su casa tras recibir un mensaje en el que le pedía que la fuera a buscar. Su relato es estremecedor.

La mujer presentó este martes una denuncia contra el dueño del boliche, Emilio Cayo; el ministro de Seguridad, Luis Martín, y los jefes policiales que estuvieron a cargo del operativo. «Estamos esperando a ver si se hace algo. De parte del Gobierno, yo no veo que hagan nada más que mentir. El ministro salió a decir cosas que son falsas, igual que el dueño del boliche», afirmó.

Este es su relato.

«Yo soy mamá de una nena de 13 años que va a primer año de la secundaria. Ella fue con su documento, porque en el flyer decía que era para mayores de 13 con DNI, así que ella lo llevó. Cumplimos los requisitos que se pedían.

«Llegamos alrededor de las 19 horas. Vino un amiguito de ella a casa y los llevé a los dos hasta la puerta. Ellos no tenían entrada.

«Había muchos chicos, mucha fila. La seguridad del boliche era pésima. Yo como mamá reconozco que me la tendría que haber llevado, pero en ese momento me confié de que estaba controlado adentro. Yo no sabía si ya estaba colmada la capacidad. Afuera había personal de la policía y los de control comercial. Entonces pensé bueno, están controlando.

«Los acompaño hasta la puerta, el amigo de mi nena va a la boletería y compra las entradas a 1500 pesos cada una. Así que es mentira, como dijeron, que a las 18.30 ya se sabía que la capacidad estaba colmada y no se vendían más entradas. Nosotros las compramos a las 19 horas en la boletería, no se las compramos a chicos que estaban en la calle.

«Los acompaño hasta otra puerta del costado donde estaban haciendo fila para entrar, ellos ingresan. Mi hija después me comenta que en la escalera había otro control, donde les pedían los DNI.

«Yo me quedo un ratito en la esquina, viendo la situación. Y pienso bueno, mi hija ya está adentro, está en un lugar seguro, protegida, y me vengo a mi casa. 

«No pasa una hora que ella me llama pidiéndome que por favor la vaya a buscar. Yo no entendía nada. Después veo que a las 20.07 ella me había mandado un WhatsApp diciendo tiraron gas, así que ya hacía más de 10 minutos que estaba adentro del boliche respirando gas pimienta. O lacrimógeno, no sé, eso lo determinará la justicia.

«Cuando ellos quieren salir, no podían salir por ningún lado porque estaban todas las persianas bajas y no había puertas de emergencia. 

«Ahora se defienden todos, la policía, diciendo que cerraron las puertas para que no ingresen los chicos de afuera a hacer disturbios. Vos podés cerrar una puerta para que no ingrese gente, pero si tenés las puertas de seguridad correspondientes, los chicos de adentro tendrían que haber podido salir, porque esas puertas se abren desde adentro. Pero no había. No tienen puertas de seguridad ni salidas de emergencia.

«Cuando ellos llegan hasta las persianas, no había personal de seguridad que los asista. Así que los mismos chicos tuvieron que ponerse a hacer fuerza con las cadenas para levantar las persianas. Se ve que eran muy pesadas, porque dice que la han podido levantar apenas medio metro. Los chicos trataban de salir como podían. 

«Había algunos chicos que ingresaban porque estaban asustados, porque tenían familiares, novias, hermanos adentro. Les estaban diciendo que se estaban asfixiando adentro y no tenían manera de salir. Entonces hay chicos que quieren ingresar en la desesperación para ayudar a sacarlos. Ahí es donde la policía encima les pega. 

«Cuando mi hija logra salir, me dice que escuchaban que de afuera les tiraban tiros. Entonces no sabían dónde iban a estar más seguros, si adentro, ahogándose con el gas, o afuera, donde les podían dar un balazo de goma.

«Ella cuando al fin sale queda paradita al costado del boliche, al lado de una puerta. Y la policía no tiene mejor idea que despejarlos a todos del lugar y mandarlos para la ruta. Ahí no había ningún un control de tránsito o seguridad vial. No había nada. Así que las criaturas corrían por la ruta, cruzando, tratando de estar al aire libre para respirar, sin que nadie los cuide. 

«Y el ministro de Seguridad dice que lo que hizo está bien, que es por protocolo. ¿Por protocolo largan a todos los chicos a la calle sin saber dónde están los padres, cómo se van a ir, si algún auto los puede atropellar?

«Yo hasta ese momento no había llegado. Yo vivo en el barrio San Guillermo II, habré tardado 10 minutos, como mucho, en ir en el auto, tratando de ir tranquila para no chocar yo. Mi marido me decía ‘por favor, cuidate, andá tranquila, fijate’.

«Cuando llego, veo a todos los chicos dispersos por todos lados y un cordón policial. Los policías con esos palos que llevan en la mano, no sé para qué si solamente eran niños que estaban en una matiné. Según ellos, los tenían que dispersar.

«Había chicas tiradas, desvanecidas en las esquinas. Yo las vi». 

«Cuando al fin llegan los bomberos, agarraban a las chicas en brazos y no sabían cómo acercarlas a una ambulancia, porque las ambulancias estaban sobre la ruta, no en la esquina del boliche. Con semejante cantidad de gente, no había una ambulancia en el lugar.

«Yo llamaba a mi hija pero se cruzaban las llamadas porque ella hacía lo mismo. No podíamos comunicarnos. Habré demorado cinco minutos desde que llegué hasta que al fin la pude contactar, pero para mí fue eterno. 

«En esos cinco minutos me crucé a un montón de policías. Les pedía a todos que por favor me dijeran el nombre del comisario a cargo del operativo y ninguno me lo decía, sólo me mandaban a hablar con el dueño. Cuando me acerco a hablar con el dueño, él estaba defendiéndose con las madres y lo único que decía era que iba a devolver la plata. ¡Como si lo que nos importaba en ese momento fuera la plata! Yo quería ver que mi hija estuviera bien.

«Cuando al fin la encuentro, cuando ella sube la escalerita de la ruta hacia la calle de Zaigua, la veo entera, le pregunto y me dice que estaba bien. Estaba con otro amigo.

«Veía a otras mamás preocupadas porque todavía no encontraban a sus chicos, a los bomberos corriendo para todos lados tratando de asistir a los chicos que estaban mal.

«Los agarré a los dos y me los llevé de ahí, porque no iba a sumar quedándome. Además me daba más miedo la policía, no me sentía protegida. Me daba miedo a mí, una mujer adulta de 47 años.

-¿Hizo alguna denuncia? 

-Hice la denuncia ayer (por el martes) en la Brigada de Investigaciones de Alto Comedero que está al lado de la Seccional 46. El oficial que me recibió me dijo que los padres se pueden acercar a cualquier comisaría. Muchos están yendo a la 62, que es la que corresponde, en Sargento Cabral, por la zona del boliche. Hice la denuncia contra el dueño y contra el ministro, porque se supone que él está a cargo de toda la seguridad, de la policía, aunque no dentro del boliche. Pero como dije, no había ambulancias en la esquina del boliche, sabiendo todos los chicos que había. La policía actuó mal y no lo quiere reconocer. Según ellos, eran entre 1000 y 1500 chicos. Y los mandaron a todos a la ruta, corriendo el riesgo de que les pase cualquier cosa. También denuncié a los comisarios jefes a cargo del operativo.

-¿Tiene asistencia legal?  

-He hablado con un abogado de derechos humanos de Nación que dice que nos puede ayudar. Ellos nos recomiendan que no lo dejemos pasar, que por lo menos dentro de tres días vaya, que vea con el fiscal a cargo cómo sigue la causa, si están tomando medidas, cómo va la investigación, para que no quede todo en la nada.

-¿Qué sensación le queda, pasados estos días? 

-Yo no puedo creer que la sociedad no esté consciente de que los chicos estuvieron encerrados en un boliche con la capacidad colapsada, respirando gas pimienta, y que a nadie le importe nada. Después llega septiembre, van todos a la fiesta de los estudiantes, los aplauden, son los mejores chicos del mundo, y se olvidan de que los chicos que estaban en ese boliche son los mismos estudiantes a los que después van a aplaudir y por lo que la provincia, el Ente, recaudan plata como locos. Y ahora nadie ha salido a defender a los estudiantes. Porque todos estos chicos son estudiantes de secundaria, no sé de dónde piensan que salieron. No me gusta vivir en una sociedad así, donde a nadie le importa nada.

Ahora todos juzgan, dicen que había chicos borrachos, que había chicos drogándose. Si realmente la gente vio chicos así, ¿por qué la policía no actuó para prevenir? Si vos ves que hay un chico alcoholizado, retenelo, demoralo, lo que sea, llamá a sus padres, cerciorate de que el chico esté bien, hacelo ver por el personal del SAME. ¿O esperás a que el pibe esté en las últimas para reprimirlo? No entiendo el proceder.

-Si estaban alcoholizados, alguien les vendió el alcohol. 

-Exacto. Entonces que vean cuáles son los comerciantes que venden. Ahora resulta que todos vieron todo. Dice mucha gente que los chicos estaban tomando afuera. ¿Y qué hacía la policía que yo vi cuando llevé a mi hija? ¿No veían que había comerciantes que estaban vendiendo? ¿Por qué no van y los multan, si están vendiendo a menores de edad? Mi hija me dijo que adentro del boliche vio chicos con latas y botellas. ¿Acaso el dueño del boliche también permitió que se venda adentro? Se supone que no puede porque es una matiné, era para menores de edad, estaba estipulado que era sin alcohol. Entonces, que alguien investigue si adentro del boliche se vendió y que ese hombre vaya preso. Yo no me conformo con que pague una multa porque secuestró a mi hija, la tuvo encerrada, la hizo respirar gas pimienta. Lo sé porque me decía que le dolía la garganta, que no podía respirar bien. Por suerte a ella no le hizo mayor efecto, pero yo vi chicos desvanecidos. No entiendo dónde están esos papás que no hacen la denuncia, que no piden por la seguridad de sus hijos. No sé si tienen miedo o qué.

Marcha y reclamo

Este martes, madres y padres de adolescentes que estuvieron en el boliche se manifestaron en la Plaza Belgrano exigiendo explicaciones por lo ocurrido. Frente a un desmedido operativo policial, pidieron la renuncia del ministro de Seguridad, Luis Martín, y la detención del dueño de Zaigua, Emilio Cayo.

-Ayer usted fue a la marcha. 

Sí. Faltaban chicos, yo pensé que iba a haber más. A mí nadie me apuró, nadie me amenazó ni me dijo nada, pero dicen que se corría la voz entre los chicos de que no fueran porque de nuevo los iban a reprimir. Obviamente los chicos han quedado con miedo, es lógico.

-Su hija no fue. 

-No, yo le dije yo voy, soy tu mamá, te represento, pero vos no vas a la marcha. Porque a mí también me daba miedo de que pudiera pasar algo. Pero como mamá sí voy, porque no puede ser lo que le han hecho.

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