Juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa: El resumen de la primera semana

Finalizó la primera semana del juicio oral contra los ocho rugbiers acusados del asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell el 18 de enero de 2020. Los imputados son Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Lucas Pertossi, Luciano Pertossi, Ayrton Viollaz, Matías Benicelli, Blas Cinalli y Enzo Comello.

El proceso se desarrolla desde el lunes 2 de enero en el Tribunal Oral en lo Criminal 1 de Dolores. En jornadas más que duras para la familia de Fernando, por los testimonios que se escucharon, la defensa confirmó que continúan con la misma imputación.

Testigos directos del ataque y otros secundarios fueron clave para la causa, ya que algunos revelaron información valiosa para sumar al caso que complica aun más a los ocho rugbiers.

Por el momento el más complicado es Máximo Thomsen, ya que en la mayoría de las declaraciones fue señalado como la persona que le pegó a Fernando y también quien intentó inculpar a Pablo Ventura, un joven que ni siquiera estuvo en Gesell ese día y que sin embargo permaneció detenido los primeros días.

Silvio Báez y Graciela Sosa. Foto: Télam

Cronología

Lunes 2 de enero

Por primera vez después del crimen, los rugbiers fueron fotografiados en el banco de los acusados. Todos se presentaron con barbijo.

El defensor hizo dos pedidos de nulidades del juicio que fueron rechazadas por el Tribunal.

Declararon la madre y el padre de Fernando Báez Sosa. Graciela relató que sobre la madrugada del 19 de enero de 2020 la llamaron por teléfono. La mamá de un compañero de su hijo ya la había puesto en alerta sobre que algo había pasado con él. Despertó a su esposo y le dijo que tenían que ir inmediatamente a Villa Gesell porque Fernando había tenido un accidente.

Cinco minutos más tarde, llamó un comisario. Graciela le pasó el teléfono a su esposo. Cuando cortó, le dijo: “Fernando murió”.

“No tuvieron piedad. Era un ser humano. Me duele tanto lo que le hicieron. Le llamaban negro. Me quedé sin nada”, aseguró Graciela, y cuestionó: “Cómo puede un ser humano discriminar de esa manera”.

La querella había acusado por homicidio por odio racial, lo que no prosperó en la acusación fiscal.

Martes 3 de enero

En el segundo debate, con el relato de más de ocho amigos de la víctima, se pudo reconstruir mejor la escena del crimen y cómo todos los acusados fueron parte del ataque, tanto pegándole como impidiendo que alguien lo defendiera.

Pasaron por el Tribunal el suegro y amigos de Fernando que estuvieron aquella madrugada fatídica en Villa Gesell. Julieta, la novia, no pudo asistir.

Primero declaró Lucas Filardi, quien relató que «cuatro o cinco personas» le pegaban a Fernando y que Luciano Pertossi fue quién le pegó a él. Tirado en el piso del Tribunal, Lucas reconstruyó la manera en que su amigo cayó tras recibir el primer puñetazo y lo que hizo luego para intentar evadir las patadas que le daban en el pecho y la cara.

Otro amigo, Juan Bezzuso, dijo que él vio cuando uno de los atacantes le dio “una piña a Fer que lo sienta y cae de rodillas” y al instante le daban “patadas en la cabeza”.

“Vamos a ver quién gana ahora”, fue la frase que escuchó “claramente” el testigo Federico Raulera. Por su parte, Julián García, otro de los amigos de Fernando, dijo que al salir del boliche pudo ver que entre cinco o seis fueron a atacarlos: “A ver ahora que estamos afuera”, les dijeron.

Se vivieron momentos de tensión dentro de la sala del TOC 1 de Dolores luego de que uno de los amigos de Fernando Báez Sosa, en varios tramos de su declaración, volteó su cabeza y se quedó por minutos mirando al grupo de rugbiers que estaban con sus barbijos. Fue cuando el abogado le pidió si podía reconocer a uno de los agresores y la presidenta del Tribunal se lo impidió. “¿Quiere que me de vuelta?”, había dicho Thomas D’Alessandro, dispuesto a hacerlo.

Ante esta situación, rápidamente intervino la presidenta del Tribunal 1 de Dolores, Claudia Castillo, para impedirlo, porque infringía una norma del Código Procesal.

Miércoles 4 de enero

Esta fue una instancia más que importante. El primero en dar testimonio fue Pablo Ventura, el joven acusado falsamente por los rugbiers de estar en el ataque, y su padre, José. Sin dar grandes detalles, relató que no tenía amistad a los acusados pero que sí los conocía por vivir todos en la misma localidad: «Los vi pelear a los ocho en varias situaciones, a la salida de boliches en Zárate o en jodas”, afirmó.

En el Tribunal se mostraron conversaciones de Pablo con sus amigos, en las que se refleja que no entendían por qué estaba siendo acusado. Luego sostuvo que, a su entender, quien lo había denunciado fue Lucas Pertossi.

Ese mismo día otro amigo de Fernando relató lo que se vivió a la salida de Le Brique. Dijo que Máximo Thomsen le pegó una patada «con odio, brutalidad y con intención de matar”. Habló de una “emboscada” hacia ellos, aunque aclaró que buscaban a alguien en particular: “A Fernando, ellos querían atacarlo a él”.

“¿Reconoces a otras personas como agresores de Fernando?”, le preguntó el fiscal Juan Manuel Dávila. “No”, dijo, pero sí aclaró que el grupo de rugbiers arengaban “¡vamos! ¡vamos, negro de mierda!”.

Luego fue el turno de los empelados de seguridad del boliche. El primero fue el jefe de Le Brique, que emocionado hasta las lágrimas aseguró: “Nunca vi nada igual, era saña. Hace 20 años que trabajo de esto y nunca vi nada igual, todo patadas”. Además manifestó que se le imposibilitó en varias oportunidades sacar a Thomsen del boliche.

Otro patovica sostuvo que el joven tenía las «pupilas dilatadas», e interpretó que «puede ser por el mismo alcohol que toman adentro, estaba totalmente sacado”.

Después del debate, familiares de los rugbiers fueron a visitarlos al Penal de Dolores.

Pablo y José Ventura. Foto: NA

Jueves 5 de enero

En esta jornada declararon testigos que no pertenecían ni al grupo de Fernando ni al de los rugbiers.

El primero fue Tomás Bidonde, quien estaba en Villa Gesell de vacaciones y aquella noche había ido al boliche Le Brique con un amigo. “Lo veo de frente. Estaba Thomsen pegándole al chico que fallece. Recuerdo que le pega dos patadas en la cabeza… como puntinazos. Luego lo agarra y le vuelve a dar dos o tres patadas”, dijo, quebrado por el llanto.

Contó que después de haber visto el ataque le dijo a su amigo que se quería ir de Villa Gesell. Se quedaron una noche más y luego volvieron a Buenos Aires. “Estaba shockeado y nervioso. Ver eso y toda la situación después, estaba mal, y al prender la tele escuché al padre de la víctima y avisé a mi mamá que iba a la fiscalía, que había visto todo”.

Luego dio su testimonio Tatiana Caro, una joven que reside en Villa Gesell y que estuvo en el lugar en el momento del ataque. Contó que escuchó cuando uno de los acusados dijo “quedate tranquilo que me lo voy a llevar como trofeo”. Para ella, se trató de uno de los Pertossi. Contó que Báez Sosa estaba “parado” cuando lo atacaron y que “le pegaron de atrás”.

Uno de los relatos más estremecedores fue el de Virginia Antonelli, la mujer que le hizo RCP a Fernando. Ella estaba en el boliche pero había salido a la calle porque había demasiada gente. Fue cuando vio a la seguridad del lugar expulsando por la fuerza a Máximo Thomsen. Luego vio a un grupo de personas atacando a Fernando. Se acercó cuando él ya estaba en el piso.

“Si alguien no tiene consciencia y no respira, hay que hacerle RCP”, explicó ante una pregunta de la fiscalía sobre su conocimiento, y contó que hizo un curso en la Cruz Roja.

Las maniobras de reanimación duraron algunos minutos, hasta que la policía. No las hizo sólo Antonelli, sino que iban tomando la posta otras personas para intentar salvarle la vida a Báez Sosa. “Yo le sostenía la cabeza a Fernando, le hablaba, le pedía que se quedara conmigo”, recordó la mujer.

El abogado defensor, Hugo Tomei, le preguntó nuevamente sobre sus conocimientos de reanimación y si no había riesgo ocasionar una lesión al mover el cuerpo. “Es mejor tener a una persona con la costilla rota y viva, que una persona muerta”, le respondió la joven.

Virginia Antonelli. Foto: NA

Viernes 6 de enero

En la última jornada de la semana declaró Andrea Ranno, empleada del hotel, que vio pasar a los acusados después del crimen. Relató que «estaban orgullosos» y que «festejaban, porque todos se atribuían algo».

«Ellos pasaron frente al hotel y los escuché hablar de una pelea y que festejaban la situación, pero primero vi cómo uno de ellos salió corriendo y estaba como sacado», señaló la mujer en el tribunal de Dolores.

Declaró que minutos después de que uno de los acusados pasó corriendo por el lugar, escuchó que uno de los jóvenes le decía a otro “le rompí toda la jeta, estaba llena de sangre”.

Un capítulo aparte fue el referido al intento de inculpar a Pablo Ventura, el joven de Zárate. Sobre este punto, un Policía que participó del allanamiento, Mariano Vivas, confirmó que «Thomsen fue quien dijo que la zapatilla con sangre era de Pablo Ventura».

El último en declarar este viernes fue Hugo Vázquez, otro jefe policial, que manifestó que en reiteradas oportunidades se les pidió a los detenidos que se dejen de reír porque «era algo serio». También señaló a Máximo Thomsen como quien culpó a Ventura: «Cuando se preguntó de quién era la zapatilla con sangre el joven dijo ‘de Pablo’ se le preguntó quien era y respondió ‘Pablo Ventura'».

Máximo Thomsen. Foto: NA

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