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Un análisis de la situación en Cuba desde la sociología

Por Rubén Juste*. Como habéis [email protected] «dándome por saco» todo el día, preguntándome por mi opinión sobre las protestas en Cuba, aquí dejo mi reflexión. Acordarse que soy, al menos, licenciado en Sociología. Y cuando un sociólogo habla sobre los aspectos de un conflicto, por lo general, ninguna facción está nunca contenta, y acaba el sociólogo siendo objeto de duras críticas e improperios por ambas partes. Sólo pido algo que no habría que pedir, máximo respeto.

Es muy curioso que, en términos generales, cuando Cuba ha ido implementando cambios significativos en su sistema político y económico, de cara a homogeneizar más el país a su entorno y a los tiempos que corren, EEUU, que dice ser el guardián intergaláctico de los derechos humanos y el promotor de la democracia universal, intensifica las sanciones y las políticas hostiles contra la isla. Los tiempos en los que Cuba ha hecho la mayor parte de las reformas aperturistas, son justo los tiempos en los que EEUU ha implementado más 240 nuevas medidas sancionadoras, a fin de ahogar las reformas, la economía y el futuro de la misma isla.

Si Cuba persistiera en seguir sosteniendo el estatalismo intrínseco, propio y heredado de la URSS, EEUU simplemente no les haría caso, pues sabrían que no tendrían futuro alguno.

EEUU hubiese podido hundir económicamente a Cuba desde el minuto 1 que la URSS desapareció. No obstante son varias las veces que en los últimos 30 años, los vaivenes entre EEUU y Cuba han acabado con el relajamiento y/o negociación de condiciones con el Bloqueo, de manera que Cuba no sucumba del todo, pero que tampoco avance. EEUU tiene un interés latente en mantener a Cuba viva y a la vez destrozada, de manera que sirva de ejemplo para futuros países que intenten desarrollar procesos de cambio distintos al discurso hegemónico del pack «democracia parlamentaria-economía de mercado». Cuba le sirve a EEUU como ente para reforzar las ideas y los modelos políticos y económicos hegemónicos. «Si no te gusta mi sistema, vete a Cuba!!»

Además, está la cuestión de la existencia de una comunidad cubano-americana, especialmente en la Florida, que hace todos los esfuerzos por votar a las posiciones más conservadoras, más derechistas y radicales que demuestren hostilidad contra Cuba. Los inmigrantes cubanos en EEUU viven en un tipo ideal en que creen que mostrando su repudio a todo lo que huela a Cuba, EEUU los va a premiar con visas, trabajo, subvenciones y la posibilidad de permanecer en el primer mundo. Esto explica que en las elecciones generales de EEUU los Republicanos, gracias a la comunidad cubana, tengan asegurado un estado como el de La Florida.

Si Cuba en los últimos años ha implementado cambios acelerados introduciendo en su Constitución, su marco jurídico y su sistema económico medidas que provienen del Liberalismo Político y Económico, ¿por qué EEUU no ha apoyado estos cambios, dejando que se produzca el desenlace propio del «curso natural de las cosas»? Todos sabemos que los cambios económicos implican cambios políticos obligatorios para el crecimiento y el control en los términos planteados. Lo uno, no puede vivir sin lo otro.

Los cambios más importantes

Cuba firmó una nueva Constitución en 2019, donde se registran elementos clave de aperturismo. Por ejemplo, en lo que ataña la desconcentración del poder del Estado y del centralismo político administrativo desde la Habana. Dotando a los territorios y a los gobiernos locales y provinciales de más autonomía y alcances en la gestión de su entorno. Además, se define a Cuba como un «Estado Socialista de Derecho». Atendiendo a poner en valor las leyes, y no a las decisiones arbitrarias de cualquier titular de cualquier esfera de la autoridad, como ocurría no hace tanto.

Se han establecido distintas medidas para cambiar las formas de propiedad, reforzando la propiedad privada y fomentando además la propiedad privada desde la inversión extranjera. Entre otros hitos en este sentido está hasta la primera planta de producción energética, de capital y propiedad, completamente extranjero.

Se han eliminado prácticamente todas las trabas a las comunicaciones digitales, de manera que los cubanos, con su teléfono móvil, tienen acceso a todas las redes sociales de referencia. Avanzando a la digitalización de la sociedad y al acceso de la información, con todas las implicaciones sociales que conlleva, en un país donde hace 10 años no estaba permitido el uso de equipos de reproducción visual o comunicación sin autorización. De hecho era una de las preguntas típicas en la aduana a los extranjeros.

Las reformas económicas han llegado a poner sobre la mesa grandes avances para los trabajadores por cuenta propia, que ha sido un alivio para el desabastecimiento habitual, para la diversidad de la oferta interna y para la creación de empleo y riqueza. Así como de una ley de pymes, en una clara estrategia de aliviar las responsabilidades y carga del Estado, y fomentar la iniciativa privada. Esto en un país donde hasta la hamburguesería de la esquina era propiedad estatal.

Han sido muy importantes otras medidas secundarias como la mejora a los derechos de importación y exportación por parte de la iniciativa privada, desconcentrado esta gestión de las agencias estatales.

Se ha implementado el cambio monetario en la isla con la reunificación de la moneda. La doble moneda estaba causando estragos a la economía cubana y a la inversión extranjera, creando entre otros absurdos, pagar por un mismo producto o servicio 25 veces más del precio original de ese producto o servicio, en pesos cubanos. O disponer de una contabilidad ficticia en «pesos totales»…

Pero seguramente la más importante es la ley de pymes, que una vez implantada va a ser un revulsivo de creación de negocios y empleo llamada a acabar con el desabastecimiento, la escasez y el desempleo crónico.

Justo cuando esta ley, no terminada, se ha puesto sobre la mesa, y coincidiendo con la intensificación de la pandemia y de la crisis económica, y el consiguiente sufrimiento y desespero de la población, es que se han avivado las acciones contestatarias y la aparición de las protestas.

Esto también ha ocurrido porque se ha aprovechado la situación de urgencia de la pandemia para justificar estas reformas, por parte de las nuevas generaciones del PCC, a las viejas generaciones, o los mas acérrimos a las formas estatalistas de la antigua URSS.

En un análisis a ojo de pájaro, Cuba ha implementado muchos cambios, que debieron ser integrados muchos años antes, en muy poco espacio de tiempo. Los cambios políticos y económicos siempre conllevan crisis de distinto nivel entre lo instituido y lo instituyente. Y ello no está exento de conflictos sociales, en cualquier país que se precie al cambio.

El conflicto social

Cuba es un país donde la experiencia de sus instituciones y sus formas sociales adolecen de experiencia en la gestión de conflictos sociales organizados, tipo movimientos sociales, sindicatos contestatarios, oposición organizada o huelgas. Ejemplo de ello es la gestión de MSI, donde unos artistas e intelectuales, en el mejor de los casos, ocupan una casa protagonizando un encierro y una huelga de hambre, sin objetivos o reivindicaciones muy claras, y el caso acaba en el despacho de un Ministro. ¿Os imagináis esto en España? No hubiesen llegado a sentarse ni con un pobre concejal delegado de la zona.

Cuba esta preparada para afrontar una invasión militar, pero no dispone de estructura ni mecanismos de negociación y concertación para gestionar la conflictividad social. Toda acción contestataria es significada desde un marco de interpretación muy reducido basado en la injerencia, la mercenaría y el imperialismo. De esta manera se reduce la visión y la capacidad de comprender la profundidad de los problemas sociales, ocasionando cegueras múltiples sobre los mismos e impidiendo la búsqueda de soluciones. Las soluciones suelen ser policiales.

Ello deviene en un cúmulo de problemáticas sociales de diversa índole que están en tierra de nadie, pero no por ello dejan de existir. Van minando la confianza y la legitimidad de la población en silencios peligrosos.

No obstante cabe recordar que la injerencia, el mercenarismo y las políticas imperiales han sido pan de cada día de la historia de Cuba desde el comienzo de la Revolución. Sufriendo el país en su conjunto todo un rosario de agresiones a distinto nivel de intensidad y con afectaciones muy negativas para el desarrollo normal de cualquier país que se precie.

De hecho, es real que en cualquier conflicto social, donde hay acciones contestatarias y en las actuales protestas, los mercenarios y los grupos de acción de la ultraderecha cubano-americana estén en parte asesorando, financiando y animando a parte de estas acciones. Pero no son la causa fundamental; la causa fundamental de las protestas es la desesperación de la ciudadanía con respecto a las condiciones materiales, especialmente el acceso a los alimentos, a las medicinas y a la atención médica.

En un contexto de pandemia que ha desbordado las capacidades de atención médica del país, que no puede hacer frente al total de las demandas de la población con niveles de contagio inéditos.

Ello, unido a una crisis económica, con el bloqueo como denominador común, por el cual la capacidad de importar alimentos o insumos para producirlos es completamente limitada, intensificando entonces los desabastecimientos. Por otro lado, la reforma monetaria ha creado un nivel de inflación de precios al consumo inasumible por el cubano medio, en un escenario donde los alimentos y bienes de primera necesidad han mutado al mercado en dólares. Teniendo en cuenta que la inflación ha llegado a equiparar 1 dólar a 70 pesos cubanos, y que el salario de un cubano, que cobre bien, son 2200 pesos cubanos, unos 90 dólares al cambio.

Nuevas tecnologías

La otra pata para entender el surgimiento de las protestas es la entrada en acción de las nuevas tecnologías. Si bien desde 2008 el gobierno de Chávez ya financió la interconexión de Cuba por fibra óptica con un cable submarino, hasta 2018 el presidente Díaz Canel, seguramente después de muchas discusiones, impuso la realidad de la interconexión desde los móviles, sin necesidad de estar conectados a puntos Wi-Fi públicos. Esto permitió una mayor versatilidad en las comunicaciones y la entrada de la nación cubana de pleno en la red de redes.

La red es un espacio digital donde los cubanos han accedido a la información y a las redes sociales sin el filtro de la supervisión, ni de restricciones importantes por parte de nadie. Ello contrasta con los espacios físicos en la isla, donde desde los famosos CDRs a la misma televisión estatal, tienen un marcado rol de prevención, en el objeto y la manera en la que se reportan los hechos, en una y otra dirección.

En Cuba, igual que en la antigua URSS, lamentablemente no hay una prensa independiente, y cualquier noticia expresada por distintos medios siempre está condicionada, «cocinada» y supervisada por actores fuera de los profesionales del periodismo.

A la misma vez, en el espacio digital han cobrado mucha fuerza los youtubers «especialistas» en la realidad cubana. Youtubers de dudosa procedencia, con nula formación en periodismo, con un lenguaje y expresiones obscenas, para un público de conexión de muy baja cualificación. Algo muy parecido a cualquier programa de Tele 5 en España, pero con peor calidad aún, si cabe.

La omisión del periodismo cubano con respecto al deber de fiscalizar a los poderes públicos, ha sido «asumido» por estos youtubers, de manera que la capacidad de influencia en la opinión pública cubana ha estado mediada por éstos.

Cabe decir que del total de youtubers «expertos» en la realidad cubana, hay, sin disimulo, alabanzas y vítores al que parece ser su líder supremo: Donald Trump. No sé muy bien qué lecciones de democracia son las que quieren imponer. Detrás de la mayoría de estos youtubers hay un trasfondo ultraderechista y reaccionario peligroso, como ya demostró D. Trump y sus correspondidos.

Por otro lado, el hecho de que estos youtubers expongan temas e información que afecta la cotidianeidad del cubano, y que esta información se omita en los medios estatales oficiales, da lugar a que la ciudadanía cubana perciba que sus mandatarios son ajenos a estas realidades, o lo que es peor, que «no les importa «. Mostrando entonces, los cubanos, simpatía por estos medios «alternativos» de información y usándolos preferentemente para su consumo.

En cualquier caso, en el análisis de las protestas, cabe destacar que las redes sociales y las tecnologías de la información conforman otro espacio en el cual se han fraguado las protestas. A veces veo estos discursos hablando de «dentro/afuera» o en el «interior/exterior», como si existiera aún el Muro de Berlín. Ya no hay dentro ni fuera, ni interior ni exterior, hay Sociedad Red. Conviene comprenderla, sacar sus reglas de juego y adecuar el lenguaje y los análisis a la nueva realidad. De lo contrario seguiremos en una ficción, sin comprender realmente la definición del problema y las posibles soluciones.

El concepto ‘Patria’

Con respecto al llamamiento a la violencia por ambas partes:

Cualquier movimiento social, de protesta o acción contestataria que llame a la violencia está condenado al fracaso. A la estigmatización, a la exclusión y al fracaso.

El discurso de reducir a dos categorías la sociedad cubana de 2021, entre revolucionarios-comunistas y contrarrevolucionarios-mercenarios, es errónea. Es una ficción peligrosa. Y animar a los unos a emplear la violencia sobre los «otros» es cuanto menos una temeridad y un acto de irresponsabilidad con consecuencias que espero no ver. Cuba hoy es una sociedad diversa, con múltiples interacciones con otras realidades y sociedades, las remesas también son culturales y estas conforman parte de la identidad de los cubanos. Provoca rechazo a día de hoy no defender en Cuba, bajo el régimen que sea, que una persona puede tener otras ideologías, y que nadie está en el derecho de ejercer la violencia contra «los otros» por el mero hecho de opinar y actuar de manera diferente o en desacuerdo a lo establecido.

Las peticiones de una parte de los cubanos-americanos pidiendo a EEUU una intervención militar en la isla da muestras del nivel bajo y de la falta de preparación de este colectivo como actor polìtico o como oposición seria estructurada. Y también una muestra del poco apego a su conciudadanía. ¿Vais a mandar a los americanos a formar un charco de sangre, una orgía de torturas y violaciones de vuestros familiares, vecinos y amigos?? Lo siento, no tenéis vergüenza.

Una intervención militar en Cuba acabaría con otro Estado Fallido. Igual que Libia, Siria, Irak o Afganistán. Otra cosa igual no, pero Cuba lleva 62 años preparándose para una posible invasión. Y si EEUU quiere tomar la isla, la tomará, pero no la dominará nunca. Para empezar, porque si esto ocurre, buena parte de la gente que está en la calle protestando hoy, combatiría esa invasión. El sentido del concepto «Patria» en Cuba, es quizás, el sentimiento más íntimamente arraigado.

Esta batalla no la va a ganar quien más palos dé, ni quien más tiros pegue o quien más veces diga «pinga». Esta batalla la va a ganar quien salga a la palestra liderando la conciliación, calmando a todos los ciudadanos y poniendo sobre la mesa las mejores soluciones que pueda. Y quien deje pasar ese tren de liderar la conciliación y las soluciones, lo cogerá otro.

*Sociólogo español. Publicado en Segunda Cita

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