Foto: Matías Baglietto / La Gaceta

Condena a Alperovich: Un límite a la impunidad del poder político y económico

Por María Florencia Alcaraz*. Después de 4 años de la primera denuncia, 4 meses de juicio oral y público y más de 70 testimonios, el juez Juan Ramos Padilla condenó a José Alperovich a 16 años de prisión. El magistrado también dictó la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos en el ámbito local, provincial y nacional.

Alperovich fue tres veces gobernador de Tucumán, entre 2003 y 2015, ex senador nacional por el Justicialismo y el parlamentario más rico del Congreso hasta 2021: nunca antes un personaje tan poderoso en la historia política y económica de la Argentina había sido condenado por reiterados episodios de violencia sexual. En total fue acusado por nueve hechos de abuso sexual, tres en grado de tentativa y seis agravados por acceso carnal.

La denunciante, a quien nombraremos como F. para preservar su intimidad, es su sobrina segunda, hija de un primo hermano. Entre fines de 2017 y mayo de 2019, en el marco de la campaña electoral por la gobernación, había sido contratada como secretaria y asesora de Alperovich. Tenía 29 años cuando decidió hacer pública su historia y así enfrentarse al poder feudal en el siglo XXI. Ella habló y su palabra triunfó. El próximo 16 de agosto de 2024 se conocerán los argumentos del juez.

La defensa había pedido su absolución, la querella había reclamado 22 años de cárcel y la fiscalía, 16 años y medio. Tanto la querella como la Fiscalía solicitaron que Alperovich, de 69 años, fuera detenido inmediatamente. Y así lo dictaminó el juez que lo condenó. El ex senador llegó a esta instancia del juicio con custodia policial que le impuso el juez Ramos Padilla. Había sido un pedido de la querella y la Fiscalía para evitar que se fugara. De seguro apelará a la sentencia, pero, al dictaminarse prisión preventiva, Alperovich se fue de la sala de audiencias directo a un centro de detención.

Nueve abusos en menos de dos años

En diciembre de 2017 F. viajó a Buenos Aires para acompañar a su jefe a una sesión del Senado. Fue en ese momento cuando comenzaron los abusos en un departamento de Alperovich en el lujoso barrio porteño de Puerto Madero. Después los episodios abusivos se trasladaron al auto que compartían durante actividades y compromisos de campaña. La violencia sexual fue en aumento y se desplegó también en una casa que el ex senador usaba para sus reuniones políticas en Tucumán, en una mansión en las afueras de la capital provincial.

“Ella contó que para evitar esos tocamientos solía intentar bloquearle el acceso poniéndose cosas encima, como por ejemplo la cartera entre las piernas, o una toallita para que piense que ella estaba indispuesta, o se dejaba crecer los pelos de las piernas, o se metía la remera dentro del pantalón para que no se la pueda levantar con facilidad. Pero no servía de nada porque aun estando al volante y con su mano libre, le corría el cinturón y le tocaba por debajo de la ropa”, dijo durante su alegato la abogada Carolina Cymerman, que comparte la representación de la querella con Pablo Rovatti, coordinador del Programa de Asistencia y Patrocinio Jurídico a Víctimas de Delitos de la Defensoría General de la Nación.

“Alperovich no la quería para trabajar con él. La quería para la cama. El concepto es primitivo. Manda el señor feudal. Al gran mandón no se le discute. Se hace lo que él quiere. Ella estaba en un escenario de sometimiento. En una situación de cautividad”, dijo el fiscal Sandro Abraldes en su alegato. El funcionario judicial también explicó que el ex senador tejió “una red con la que atrapó a la joven (…) una ostentación de riquezas materiales, una demostración de liderazgo político y, paralelamente, se encargaba de denigrarla y rebajarla”.

La pericia psicológica de la perito oficial del Cuerpo Forense de la Corte Suprema de la Nación, Mónica Herrán, es una de las pruebas más contundentes, además de la palabra de F.  La experta explicó la disociación, un mecanismo que se repite en distintas sobrevivientes de violencia sexual. La denunciante había logrado ocultar la bronca, el dolor y la vergüenza que le producían los abusos de los que era víctima a través de su excelente desempeño laboral. La especialista habló de daño psíquico y “trauma cristalizado” compatible con una víctima de violencia sexual.

En abril de 2019 F. vio una entrevista en la televisión local donde su tío no paraba de acosar y hablar de su aspecto físico a la conductora del programa que le estaba haciendo la nota. Ese episodio fue repudiado por el colectivo Ni Una Menos Tucumán y el Sindicato de Prensa Sipreba. También fue el detonante para que la denunciante saliera del círculo de violencia y abuso de poder laboral y sexual en el que estaba inmersa. El 24 de mayo de 2019, fue a la casa de Alperovich y le dijo que renunciaba: “Por todo lo que me hiciste”.

La primera presentación judicial que hizo fue el 22 de noviembre de 2019. Buscaba justicia y sanación pero también un escudo de protección. Se estaba enfrentando a un hombre que llamaban el Zar de Tucumán. Nada se hacía en la provincia del norte argentino sin que él lo supiera o decidiera. F. tenía miedo y antes de presentar la denuncia el entorno de Alperovich le había ofrecido dinero a cambio de su silencio. Pero ella habló. No sólo en los tribunales.

Ese mismo día en una carta pública dio a conocer su historia. “Durante un año y medio, mi tío José Alperovich violentó mi integridad física, psicológica y sexual”, contó en ese escrito. Y siguió: “No quería que me besara. Lo hacía igual. No quería que me manoseara. Lo hacía igual. No quería que me penetrara. Lo hacía igual”.

En 5 años ella ratificó su testimonio dos veces, tanto en Tucumán como en Ciudad de Buenos Aires, se sometió a una pericia psicológica e hizo parte de tres inspecciones oculares. “Ha tenido la fortaleza de enfrentar lo siniestro y denunciarlo”, dijo su abogada durante el debate oral.

El juicio comenzó el 5 de febrero de este año en el Tribunal Oral Criminal 29, en el centro porteño de la Ciudad de Buenos Aires. Alperovich estuvo acompañado por sus hijos. Junto a ellos también esperó el veredicto. F. siguió el proceso de manera virtual. Su familia y seres queridos contaron cómo los abusos tuvieron un impacto concreto en su salud física además de psíquica: desde ataques de pánico hasta un adelgazamiento abrupto pasando por caída del pelo, de las uñas y un decaimiento constante.

Los manotazos de la defensa

Un dato llamativo para verlo en perspectiva con la coyuntura política de la Argentina: el abogado defensor de Alperovich fue Augusto Garrido, del estudio del actual ministro de Justicia del gobierno de Javier Milei, Mariano Cúneo Libarona. Sus manotazos por desacreditar a la víctima e instalar una narrativa de “causa armada” parte de una operación política para destruir al ex gobernador tucumano fueron en vano.

Según él, la operación estuvo promovida por el concejal tucumano David Mizrahi, ex pareja de la denunciante, y el diputado Carlos Cisneros, con quien está enfrentado en la arena política. Esta versión de los hechos no tiene correlato con la realidad: cuando F. presentó la denuncia ya habían pasado 5 meses de las elecciones (fueron en junio de 2019 y Alperovich perdió frente a Juan Manzur).

Garrido también dijo que la denunciante había armado su relato en base a la lectura del libro de la escritora argentina Belén López Peiró “Por qué volvías cada verano”, donde ella  cuenta los abusos sufridos entre sus 13 y 16 años por parte de un tío, policía bonaerense. Además mencionó la denuncia de Thelma Fardin contra Juan Darthés. Una de las frases que usó el actor cuando abusó de la joven actriz era: “Mirá cómo me ponés”; F. había dicho que su tío también usaba esa frase. En su momento de réplica, el fiscal le contestó al abogado defensor: “La frase ‘mirá cómo me ponés’ es parte, lamentablemente, de la poesía machista”.

Sin embargo la alusión que hizo el abogado no es menor. La denuncia de F. fue en plena manera verde post debate por el aborto en Argentina y en un momento de efervescencia feminista donde se revalorizó y jerarquizó la palabra de las mujeres, lesbianas y trans. Ella pudo hablar en ese contexto.

El poder político bajo la lupa

Una de las historias más resonantes de los últimos 40 años en la que se cruzan poder político y violencia sexual  es el femicidio de María Soledad Morales. El por entonces representante por la provincia de Catamarca, Angel Luque, fue expulsado del Congreso en 1991, por defender a su hijo Guillermo, condenado por el crimen.

Más acá en la línea de tiempo, en diciembre de 2022 fue condenado el exdiputado nacional José Orellana e inhabilitación por cargos públicos por abuso sexual simple por hechos ocurridos contra su secretaria en el mismísimo Congreso nacional en 2016. Al momento de conocer la sentencia Orellana se desempeñaba como intendente de la localidad tucumana de Famaillá. Fue el primer caso de un político que ocupó una banca nacional condenado por violencia sexual.

En la política local también las historias se multiplican. En 2015, en un juicio abreviado, el ex intendente de La Banda, en Santiago del Estero, Héctor “Chabay” Ruiz, había sido condenado a 3 años de prisión en suspenso e inhabilitado por el mismo tiempo para ejercer cargos públicos al confesarse autor del delito de abuso sexual simple. En 2020 la Justicia de Catamarca condenó al intendente de Puerta de Corral Quemado, Enrique Aybar, a 6 años de prisión por “abuso sexual simple agravado por la guarda”. En marzo del año pasado el intendente Ángel Fabian Constantino, quien gobernó Gilbert, en la provincia de Entre Ríos hasta principios de 2022, fue condenado a 14 años y 6 meses de cárcel por tres casos de abuso sexual.

Hay un patrón se repite en las historias: muchos de los hombres de la política señalados por abuso sexual, luego de cumplir sus condenas, vuelven a tratar de ocupar cargos públicos. En 2021, en la provincia de Chaco, César Falcón, fue condenado por abuso de sus hijastras (una de ellas con discapacidad) 15 años después de la primera denuncia. Aún así, fue candidato a intendente de Colonia Benítez en las últimas elecciones. El ex intendente de El Bordo, Salta, Juan Rosario Mazzone, fue destituido en 2015 y condenado por corrupción de menores en 2017. Sin embargo, insistió: en 2023 quiso volver a la intendencia pero no le alcanzaron los votos.

También hay causas pendientes: por ejemplo el actual intendente de Bañado de Ovanta, Elpidio Guaraz, de 65 años, sigue en su cargo por quinta vez consecutiva aunque enfrenta causas que lo investigan por abuso sexual, privación ilegítima de la libertad y violencia de género desde 2021.

Lamentablemente en Argentina hay múltiples antecedentes de procesos judiciales y condenas en el poder. Sin embargo nunca una persona tan poderosa política y económicamente había llegado al banquillo de los acusados y se había ido de ahí con una condena. Una joven secretaria que tuvo que resguardarse en el anonimato y desplegar estrategias colectivas para empujar esta causa hizo justicia por muchas. José Alperovich estará preso hasta el 17 de junio de 2040.

* En Volcánicas

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